Destino Kurdistán
Por
Lucina Kathmann
Al
abrigo de las montañas Zagros, cercado en todos lados por vecinos
represores, Kurdistán es el lugar donde los kurdos, un pueblo anciano del
medio oriente, no árabe y que habla un idioma indo-europeo, finalmente ha
tenido la oportunidad de hacer de su región, nuevamente autónoma, una república
modelo. Es un buen lugar para visitar, y tuve la oportunidad de hacerlo. El
Centro PEN kurdo, investigando cómo la asociacion mundial de escritores,
PEN Internacional, pueda servir mejor a los escritores kurdos, me invitó a
unirme a un contingente de escritores kurdos, en marzo de 2005, para un
viaje de una semana en Kurdistán.
Hasta
ahora el resto del mundo no ha sabido de Kurdistán. La información ya es
del dominio público, pero, como tanta información que nos es disponible,
todavía no ha penetrado bien en nuestra consciencia.
Hace
trece años, después de una campaña de genocidio en la cual Saddam Hussein
gaseó a pueblos kurdos, matando a miles de personas en unos días y
forzando a muchos otros a exiliarse, la comunidad internacional lo obligó a
ceder tres provincias en Irak del Norte para que los kurdos las
administraran por sí mismos. Por
primera vez, en un lugar en el mundo, los kurdos han tenido la paz y la
autonomía.
Aunque
se llama Kurdistán, Irak del Norte es solamente una fracción pequeña de
Kurdistán mayor, la región ancestral de los kurdos. Todo Kurdistán es
contiguo, pero las fronteras de cuatro países modernos lo traspasan, cortándolo
de manera confusa. Comprende la parte oriente de Turquía, donde vive la
mayoría de los 30 millones de kurdos, una tajada de Siria, el norte de Irak
y una sección en Irán occidental. En todos estos países, hasta hace 13 años,
los kurdos fueron cruelmente marginados y oprimidos. Aun ahora hay una sola
excepción, el Kurdistán Iraquí es el único lugar en el mundo donde las
señales ordinarias como “Mantenga su derecha” o “Límite de
velocidad” están escritas en kurdo.
En
el viaje visitamos a cuatro ciudades, nos reunimos con
los escritores y los medios de comunicación en todas partes,
impartimos una clase universitaria y visitamos Lalish, la ciudad sagrada de
la religión Yezidi. Fue un itinerario ambicioso y bien organizado.
Por
ejemplo, me acuerdo de una vez, manejando al borde de un lago bello en las
afueras de Duhok, cuando miré a las familias haciendo sus picnics, pensé
“Ay, qué bonito”, y me di cuenta de que tenía hambre. En este momento,
doblamos una curva y, en un lugar espléndido mirando al lago, vimos una
mesa larga con unas 20 sillas--nuestro picnic nos esperaba.
Yo era la única persona en el viaje que no
hablaba kurdo, así que se hicieron arreglos especiales para mí. La
traducción fue importante para reuniones formales, donde usualmente hablé,
pero creo que fue aun más importante para tomar parte en las conversaciones
en el autobús. No tuvimos a un traductor de inglés viajando con nosotros.
Berivan Dosky, coordinadora del Comité de escritores encarcelados del PEN
kurdo, que vive en Londres y habla inglés muy bien, sirvió de autoridad en
asuntos de traducción, pero los maratones de traducción simultánea, todos
los días, todo el día, fueron hechos por el escritor nacido en Siria,
Kamal Sido, que se sentó a mi lado y susurró en mi oreja hora tras hora,
lo que me permitió ir al mismo paso, tanto que casi siempre podía
contribuir a la discusión. Pude
identificar los estilos especiales de individuos, aun entender sesgos de
lenguaje e indirectas.
Al
principio Kamal tuvo reservaciones porque, aunque trabaja en árabe, turco,
kurdo, ruso y alemán, dijo que inglés no es uno de sus idiomas. Nos
acordamos en que me dijera en inglés si lo sabía en inglés, y en alemán
si no lo sabía.
Gran
aficionado del chiste, autodenominado “Traductor Personal por Ordenes de
Nuestro Presidente”, Kamal aseguró que yo estaba involucrada en todas las
diversiones. Mis recuerdos e historias del viaje muchas veces se relacionan
con chistes. Aun mi familia ha empezado a contar chistes del PEN kurdo.
Fue
inconveniente no hablar kurdo, pero nunca fue un problema. Para el fin del
viaje, todos los viajeros se me habían acercado para hablar, sea en alemán
o inglés (o en un caso, español, con un kurdo que había pasado cinco
semanas en Cuba hace décadas), o llamando a Berivan o Kamal para traducir.
Al fin del viaje, cuando algunos colegas kurdos dejaron el autobús porque
iban a quedarse con sus familiares en una ciudad kurda u otra, me sentí
triste con cada despedida.
Mi
relación con los escritores kurdos es a la vez improbable y maravillosa. El
Centro PEN kurdo se fundó hace casi 20 años, al mismo tiempo que mi esposo
Charlie y yo empezábamos a ser activos en el PEN. El segundo idioma de
Charlie fue alemán, y en ese entonces muchos de los escritores kurdos
estaban en el exilio en Alemania. Nos hicimos amigos de ellos, pero en mi
caso, Charlie siempre estuvo con nosotros para traducir.
Charlie
contrajo cáncer y murió en 1996. Me preocupé por mi relación especial
con los kurdos. Fue un reto mantenerla. En 1997 cuando los vi en un Congreso
del PEN, no pude comunicarme con la delegación kurda con una sola palabra.
Pude solamente regalarles unas cosas de cerámica mexicana.
Entendieron
mi problema y tomaron acción. Durante el año siguiente me mandaron unas
cartas en inglés, y encontraron a unos delegados para los congresos que
hablaban más inglés. Todavía tenemos muchos problemas de idioma, pero nos
entendemos mejor que la mayoría. Mantenemos una correspondencia todo el año
y luchamos juntos sobre temas kurdos en el PEN Internacional con buenos
resultados.
No
es una amistad personal. Los miembros actuales del PEN kurdo no son los
mismos que los que Charlie y yo conocimos años atrás. Es una amistad entre
una persona y un grupo. Aunque inusual, ha inspirado mucha confianza, de
hecho, confianza suficiente para que yo me arriesgara ir en este viaje, no
obstante las objecciones de otros miembros de mi centro del PEN y mi
familia, que tenían miedo.
Kurdistán
se encuentra en un área muy difícil. Unos kilómetros fuera de su
frontera, en Mosul, grupos terroristas explotan bombas frecuentemente, al
parecer sin ton ni son. Kamal habló con taxistas en la frontera con Turquía,
y le dijeron que siempre están con miedo cuando sus clientes les piden que
manejen a Mosul. Ningún taxista tiene miedo de manejar en Kurdistán. Hay
muchas carreteras nuevas, todavía no indicadas en mapas, que se encuentran
completamente dentro de Kurdistán, parte de un boom de construcción de
todos tipos, en muchos casos gracias a la ayuda de organizaciones
internacionales.
Entramos
desde el norte, de la frontera con Turquía. Habíamos asistido a un
seminario sobre el multiculturalismo
en Diyarbakir, la ciudad más grande de la parte kurda en Turquía. La Unión
Europea ha hecho evidente que Turquía no tendrá posibilidad de ser
aceptado en su mercado común mientras reprima el uso del idioma kurdo,
entonces Turquía ha estado retrociendo en el asunto poquito a poco.
Finalmente, por primera vez este año, la situación ha mejorado
suficientemente para que el PEN Internacional pudiera auspiciar una
conferencia en Turquía, en la cual unos escritores hablaran en kurdo. Como
veinte millones de kurdos viven en Turquía, cuando aflojan las
restricciones, aunque sea poquito, alivian a muchas personas.
Las
restricciones todavía son evidentes. Fuimos a una celebración de Newroz,
la fiesta kurda más grande del año, que fue muy controlada y restringida a
un área a 12 kilómetros de la ciudad. Durante toda nuestra estancia en
Turquía, los oficiales del gobierno, que son kurdos, nos hablaron en turco,
aunque unos se atrevieron a hablar unas palabras en kurdo. Una mañana la
policía llegó al hotel a las 5:00 hrs. y llevó a una escritora, Necmiye
Alpay. La regresó a las 9:00, diciendo que lo sintió pero pensó que había
un orden de detención en su contra. De hecho, cuando mi autobus de
escritores kurdos intentó cruzar la frontera de Turquía hasta Kurdistán,
oficiales turcos me sacaron del autobus, me llevaron a una sala de
interrogación y empezaron a hacerme preguntas tontas, como el nombre de mi
padre.
Estas
son viejas tácticas turcas. No son tácticas del pueblo turco, ni
necesariamente son tácticas del gobierno, porque, como dijo el alcalde de
Nusaybin sucintamente durante un picnic bonito, hay dos autoridades turcas,
el estado legal y el ilegal. El estado legal es el gobierno, y al fin, no
está en control. La autoridad ilegal es el ejército, hasta ahora nada
realmente ha frenado su poder. Sigue con sus tácticas de intimidación y
represión, a veces un poco atenuadas.
He
estado en Turquía como disidente antes, entonces esto no me sorprende.
Otras escritoras turcas me aseguraron que Necmiye Alpay también está muy
acostumbrada a estas tácticas. Nada nos impidió que hiciéramos de nuestro
seminario una celebración de la libertad de expresión. Pero los que íbamos
en el viaje después del seminario, estábamos ávidos de que empezara el
viaje, para ver lo que se encontrara al otro lado de la frontera, la
frontera a la libertad, el lugar donde los sueños de los kurdos se puedan
realizar, el lugar donde nadie (kurdo y no kurdo) debe disculparse por su
lengua.
El
primer día viajamos por la parte turca de Kurdistán. Todavía es ilegal
referirse a esta área, dentro de Turquía, como “Kurdistán”.
Me acuerdo que hace pocos años fue ilegal referirse a los kurdos de
ninguna manera. Dijeron que no existían, que no era una étnia aparte, que
no hablaban una lengua lingüísticamente inconexa etc. Eran supuestamente
“turcos de las montañas”.
Viajamos
por Mardin, una ciudad bella, donde vimos un viejo medresseh (escuela
musulmana) y un viejo monasterio cristiano todavía en uso. Almorzamos en
Kiziltepe, cerca de Mardin. Uno de los escritores que viajaba con nosotros
es de este pueblo y un oficial de su pueblo nos había invitado a almorzar.
Comimos estilo kurdo. Entramos, nos quitamos los zapatos y nos sentamos en
el piso sobre alfombras, alineados contra la pared. Unos muchachos entraron
y pusieron telas, en el piso en medio del cuarto. Después pusieron enormes
fuentes humeantes. Nos adelantamos agachados para servirnos. Tuvimos platos pero pocos cubiertos. Había arroz, cuscus, y
ensaladas agrias, pan sin levadura y una bebida espumosa de yogurt que los
kurdos llaman dow, pero el
ofrecimiento más llamativo fue el animal escasamente desmembrado, una
oveja.
Un
muchacho llegó y empezó a servir los sesos de la oveja con una cuchara. Me
ofreció el globo del ojo. En este momento Zaradachet Hajo, presidente del
Centro PEN kurdo, le hizo una señal para que se apartara. Más tarde supe
que muchos de los escritores kurdos que han vivido en el exilio en Europa,
se preocuparon por cuán tradicional fue esta experiencia, y temieron lo que
yo pudiera haber pensado sobre el ojo de la oveja. No debieron preocuparse.
No me incomoda ningún gesto tradicional de respeto. De todos modos, no
lamenté no haber disfrutado el ojo de la oveja.
Después
de la comida nos lavamos las manos y nos ofrecieron colonia de limón para
perfumar las manos. Esta costumbre es universal en Turquía pero no volví a
verla después de cruzar la frontera.
Después
de la comida, continuamos hacia la frontera. Nos detuvimos una sola vez, en
Cizre, en un cementerio donde nos dijo que los “Romeo y Julieta kurdos”
están enterrados. Todavía no he sabido los detalles de este cuento clásico
de amor. Cerca de los entierros había muchas jóvenes lindas. Todas estaban
tocando algo en la pared, dicen que trae el amor. Una, una verdadera
belleza, traía velo. Es la única vez en todo el tiempo en Turquía y
Kurdistán que vi a una joven bella con velo. Hay mujeres con velo pero en
general son mayores de edad y encorvadas. Las jóvenes usualmente visten con
pantalones, aunque a veces tienen la cabeza tapada con un hijab
(bufanda musulmana) también.
En
la frontera soportamos puesto de control tras puesto de control con soldados
turcos amedrentadores, hasta que estuvimos en el otro lado. La milicia kurda
apareció, sonriendo, hablando kurdo abiertamente y ofreciéndonos té. Los
medios kurdos llevaron a mí y a Zaradachet hasta la carretera cerca de los
puestos de control. Dimos entrevistas. “El PEN Internacional ha llegado a
Kurdistán” se anunció en la televisión esa noche.
Hasan
Silevani, presidente de la Unión de Escritores Kurdos en Duhok, se había
hecho cargo de los arreglos en la provincia de Duhok. En la frontera se
reunió con nosotros; vino en su propio coche, y los oficiales del PEN kurdo
y yo viajamos con lujo por una hora hasta llegar a
Duhok, ciudad moderna y bella con avenidas anchas. Nos llevaron a un
buen hotel donde había un internet con teclado inglés, un gran alivio para
mí después de haber batallado un par de semanas con el teclado turco.
El
teniente gobernador de la provincia vino para saludarnos. Muchos me dijeron
con emoción que él es cristiano. Fue mi primera experiencia de ver cuán
apasionados son los kurdos por ser una nación para todos, sobre todo para
todos los grupos que Saddam Hussein oprimió.
El
teniente gobernador habló sobre la poca información sobre Kurdistán que
se conoce en el mundo, lo que los kurdos lamentan porque quieren más
visitantes del extranjero. Dice que piensa que en parte los medios de
comunicación kurdos tienen la culpa. Finalmente pueden hablar y escribir en
lengua kurda. A lo mejor han descuidado producir la información en las
lenguas internacionales, lo que podría ayudar a elevar la imagen del país
en el exterior.
Llegando
a Duhok, vi una cruz grande en luces neón sobre una iglesia cristiana. El
teniente gobernador dijo que hay muchos programas gubernamentales para
atender a los cristianos (Asirios, principalmente) y que también quieren
atraer a otros para que regresen del exilio.
Donde hay al menos siete familias cristianas, el gobierno les
construye una iglesia.
Cuando
esta visita terminó padecimos mucha hambre; estuvimos reuniéndonos en un
rincón del hotel donde traen solamente ronda tras ronda de té. Al otro
lado del pasillo, en el comedor, las mesas estaban cargadas de cosas
deliciosas. Había cerveza, vino o lo que usted quisiera. (Por ejemplo, raki. Yo lo considero como la bebida alcohólica nacional turca,
pero los kurdos la llaman por otro nombre y la consideran suya.) En Kurdistán,
los kurdos no tienen interés en proyectar la imagen abstemia musulmana. Había
un cantante, pero también cantaron el vicepresidente del PEN kurdo,
Moustefa Rachid, y otros escritores del PEN kurdo, al igual que unos
escritores de Duhok que llegaron al hotel para unirse a
nosotros. Todo el mundo formó colas largas y bailó. Los kurdos son
muy dados al baile y al canto.
Para
algunos fue un regreso al hogar, literalmente. Hevi Berwari, presidenta del
comité de escritoras del PEN kurdo y Berivan Dosky vienen de Duhok. Hevi me
dijo que este viaje fue su primera oportunidad para ver a sus familiares en
diez años. Algunos de los familiares de Berivan vinieron al hotel. Un
escritor tímido de Duhok se armó de valor
para decirme que había conocido a Hevi hace 20 años, antes de que
ella huyera de Saddam Hussein para ir al exilio; aun entonces fue destacada
como pionera en la literatura de las kurdas.
Al
siguiente día el autobus serpenteó por las montañas hacia la ciudad santa
de Lalish, el sitio de peregrinaje más importante de la religión Yezidi.
Antes de la llegada de los musulmanes a Kurdistán (hace muchísimo tiempo),
para convertir a la fuerza a la mayoría de los kurdos, eran Yezidis, y
todavía existe una minoría significante. Por cierto, mi traductor Kamal es
Yezidi.
Pronto empezamos a ver las torres
puntiagudas y acanaladas. Acercándonos, pudimos distinguir un complejo
cercado, como una ciudad medieval amurallada, con varias de las torres típicas
integradas. Nos sentimos atraídos. Cuando el autobús se estacionó,
salimos corriendo hacia el enclave sagrado. Nos quitamos los zapatos y
entramos en el santuario. Bajando una escalera, llegamos a donde corría un
bello manantial. “Esta es el
agua sagrada. Favor de beberla.” nos dijeron. Era deliciosa.
“Suban aquí y caminen tres veces
alrededor de la tumba de Sheik Adi.” nos dijeron. Continuamos, pasamos
otro manantial subterráneo. Este estaba tapado con una reja. “Aquella es
el agua mala,” dijo el guía. “Nadie debe beberla, es por eso que la
tapamos.”
La tumba de Sheik Adi estaba cubierta con
telas de colores. Marchamos alrededor tres veces y continuamos a una caverna
pequeña donde la gente arrojaba bonitas telas de gasa. Si su tela aterriza
y se queda en cierta roca sin caer, su deseo será concedido, nos dijeron.
Formulé un deseo para mi hija y mi tela se quedó en la roca. Las cavernas
eran frescas y había agua por todas partes. “¡Qué bonito hajj
kurdo!” comentó la gente.
Salimos al patio para que los ministros
Yezidis nos hablara de su religión. Los textos sagrados fueron quemados por
opresores. Hay algunos ancianos que todavía se acuerdan de algo, sus
memorias deben ser grabadas y codificadas. El Yezidi no es una de las tres
religiones bíblicas protegidas por la tradición musulmana, por lo tanto
cualquier grupo musulmán hostil los han considerado un blanco permitido.
Salvo los últimos 13 años, su vida comunal ha sido totalmente dedicada al
problema de resistencia y supervivencia.
Los Yezidi son monoteistas, su religión
tiene una raíz común con el Zoroastrianismo. Tienen un angel importante
que se llama Tawus Malik, simbolizado por un pavo real. En el siglo 11,
Sheik Adi fue un personaje que estableció un sistema de castas; todavía
existen tres castas de Yezidi. El sistema mejoró la administración
religiosa porque encargó la responsabilidad de las funciones religiosas. Es
toda la tradición Yezidi lo que ha sido preservado. No saben con seguridad
qué creen. (Desde entonces he encontrado en el internet varios tipos de
mala información sobre el Yezidismo, mutuamente inconsistentes.)
Cuando regresamos al autobús, hubo una
discusión animada. Algunos de nosotros nos sentimos positivamente atraídos
hacia una religión que no sabe qué cree. Muchos kurdos dijeron que
quisieron regresar a la vieja religión, pero el Yezidismo no acepta a
conversos.
El día siguiente estuvimos en el autobús
serpenteando casi todo el día por montañas maravillosas, pasando panoramas
con vista de casi 360 grados, Al fondo había
montañas coronadas de nieve y en el primer plano, ríos y cascadas
del Tigris, y almendros brotando sus primeras flores del año.
Vimos construida en un peñasco una bella ciudad amurallada que se
llama Amedi. Más tarde me enteré que viajamos a la capital por la ruta más
larga, pero no pude lamentarlo. Me ha dejado con la impresión de que una de
las escenas más bellas de este planeta es Kurdistán en la primavera.
Una de las razones para tomar la ruta larga
fue para visitar la tumba de Moustafa Barzani, un líder militar en la lucha
kurda para la libertad. En este momento otro pariente (Los Barzani son un
tribu importante en el estado de Duhok) había muerto, y había una
celebración en su memoria. Cuando llegamos al entierro de Moustafa Barzani,
lugar simple con piedras rústicas en un cuadro de lirios, los medios de
comunicación kurdos ya estaban allí para seguir los movimientos del día
de PEN Internacional, en Kurdistán. Muchas veces en la noche, prendimos la
tele para ver lo que habíamos hecho todo el día y como nos vimos haciéndolo.
Brindaban de comer a todos los que
llegaban, incluyendo a nosotros. Ya estaba comiendo una enorme muchedumbre
de mujeres vestidas de negro. Alguien se enteró que ya habían servido a
5,000 personas. Unos kilómetros más allá, los hombres de nuestro autobus
se detuvieron para hacer los honores en la congregación de hombres, y nos
reportaron que una muchedumbre también había comido allá.
Fue después del anochecer cuando llegamos
a la activa capital de Kurdistán, Arbil. Pero nadie la llama Arbil. El
nombre kurdo de esta ciudad es Hawler. Esto ha pasado a los kurdos en muchos
lugares; no les han hecho caso a sus nombres o los de sus pueblos. Tengo un
mapa de Kurdistán, del Instituto Kurdo, en Berlín. Pocos nombres coinciden
con los en otros mapas de la misma área. Al principio no pude saber ni si
el mundo kurdo y el mundo regular ocupaban el mismo planeta. Tuve que
comparar bien los contornos de la tierra y los lagos para poder deducir.
No sé qué pueden hacer los kurdos para resolver esta situación. Si
insisten en nombrar a la capital Hawler, nadie en el exterior va a saber dónde
está, un desastre. Todos los mapas dicen Arbil. Nunca oí la palabra
“Hawler” antes de llegar a Kurdistán. Había visto programas de
televisión de una estación en “Arbil.” Por cierto, los primeros días
me pregunté muchas veces por qué nadie nunca mencionó esta ciudad. El
aeropuerto también está en este lugar. Cuando extienden el aeropuerto y
arreglan más vuelos internacionales ¿a cuál ciudad venderán boletos los
agentes de viajes?
En la capital tuvimos reuniones con
ministros que nos informaron sobre programas del gobierno. Ofrecen seis años
de educación en la lengua de la gente de cada pueblo, sea kurdo, árabe o
turco. También, dependiendo del pueblo, la materia de religión se enseña
en islám, yezidi o cristiano. Aun hay escuelas nómadas, para los nómadas
que huyeron a Kurdistán durante la represión de Saddam Hussein. (Vimos a
este pueblo en carpas en la ruta para Lalish.) En 2004, los seis años de
educación se volvieron obligatorios. Probablemente es la manera más eficaz
para combatir una disparidad entre los géneros que persistió
aun después de la autonomía.
También recorrimos los edificios
gubernamentales. Me llamó la
atención el elegante retrato de Moustafa Barzani, de cuatro metros de
altura, que domina la planta baja del edificio del Parlamento. Unos guardias
en traje típico patrullan al frente de él, hay una ceremonia del cambio de
guardia cada 45 minutos. Al lado de la guardia, escaleras suben por ambos
lados a la cámara parlamentaria. Cuando un amigo americano me vio en una
foto, sentada en la cámara parlamentaria, dijo, “¡Reconozco esas sillas
verdes!” Esta cámara aparece fruecuentemente en los telediarios de la
televisión kurda que él recibe en su computadora en Chicago, tecleando www.kurdistantv.net.
Tuvimos mucho que hacer en Arbil/Hawler ese
día, y además tuvimos que viajar a Suleimani en la noche. Una reunión con
escritores fue el último evento antes de que nos desapareciéramos en el
autobus. Esta reunión, como la homóloga en Duhok, se realizó en el
traspatio del edificio de la Unión de escritores. Había un público
numeroso, con muchos escritores y periodistas, más todos los amigos que habíamos
coleccionado en el camino. En la ruta se nos unió gente y algunos viajaron
un trecho con nosotros en el autobús.
Zaradachet me dijo que yo no iba a hablar
en esta ocasión, pero con el tiempo, comentarista tras comentarista se
refirió a mí, a lo que yo, como extranjera, pensaba de Kurdistán. Dije a
Kamal que iba a pedir la palabra. Esto es lo que dije, con las pausas para
la traducción de Kamal. A propósito espanté un poco a todos.
“Kurdistán es un secreto.” (pausa)
“Algunos secretos son oscuros, vergonzosos,” (Kamal infeliz pero
presionado para traducirlo. Pausa terrible.) “¡pero Kurdistán es un
secreto maravilloso!” (pausa y aplausos). “La gente todavía no lo sabe,
pero pronto voy a revelar ese secreto.”
Así nuestra estancia en Arbil/Hawler
terminó con muchas personas escribiendo la palabra inglés “secret” en
sus cuadernos, pronunciándola varias veces con satisfacción.
Rumbo a Suleimani en el autobus, Zaradachet
bromeó sobre este evento. Lo
he conocido muchos años y es la primera vez que lo ha hecho. Primero
mencionó un “secreto.” Cinco minutos más tarde, se me acercó con una
expresión muy seria, mirándome por encima de sus pequeños lentes que se
deslizan por su nariz larga y diciendo, “Lucina, sé que este viaje puede
ser difícil para ti. Tenemos una ruta larga para viajar, a lo mejor te será
muy desagradable…”
Solté la carcajada. En seguida me di
cuenta a qué se refería: todos estos años ha lamentado que no tenemos una
lengua en común. No tiene mucho que hacer con las luchas del PEN y los
derechos humanos. Puede conseguir traducción si es cuestión de eso. ¡Pero
no, es para hacer bromas!
Qué bueno que Zaradachet aprovechó ese
momento para la diversión, porque al llegar a Suleimani, nos topamos con el
único contratiempo del viaje. Llegamos a medianoche y el hotel no tuvo
nuestras reservaciones. No había suficientes cuartos para todos nosotros.
Zaradachet estuvo muy preocupado.
Un representante del Ministerio de Cultura
llegó al hotel para disculparse. Había un festival de música kurda en
Suleimani. El pueblo estaba invadido por 20,000 personas extra, la mayoría
de ellas familias kurdas que habían llegado del otro lado de la frontera
con Irán. De alguna manera
nuestro grupo de 15 escritores se perdió en la confusión. Hizo llamadas y
finalmente nos distribuyó entre tres hoteles.
Tomó tiempo para que esto se arreglara.
Zaradachet dijo que tal vez fue mejor que ningún otro extranjero había
decidido acompañarnos. A la mañana siguiente él y Berivan se disculparon
mucho. No fue necesario. En mi pueblo y mi estado, cosas semejantes ocurren
con frecuencia. Si tenían el poder de arruinar nuestros eventos, nunca
consideraríamos exitoso a ninguno.
El hotel donde Moustafa y yo finalmente nos
acomodamos es nuevo; lo habían abierto para el festival antes de estar bien
terminado, por órdenes del gobierno. Sin embargo, no alcanzó a los
estandares de Moustefa. El estuvo a cargo de la logística para este viaje,
había viajado a Kurdistán meses antes para checar los arreglos, pero no
habían seguido sus recomendaciones. ¿Cómo es posible, dijo, que en una
construcción nueva hayan instalado un excusado árabe [sin
tasa]? Cuando no hubo café para el desayuno, estuvo a punto de exhalar
humo.
A mí no me importó esto. Había
encontrado un café internet al lado del hotel y estuve feliz. A pesar del
tema de la toalla. No había una toalla en mi cuarto. Pregunté y me dijeron
que la palabra es “hawlî”.
Fui a la recepción y dije esta palabra varias veces. Pero seguía sin
toalla y la gente seguía preguntándome si me iban a cambiar de cuarto.
Finalmente traje a Berivan a la recepción para que me ayudara. Me dijo que
estaban convencidos, no obstante lo que dije, de que me quejaba de que mi
cuarto era muy pequeño. Le dije que les informara que el tema no fue el
tamaño del cuarto sino una toalla, y que seguramente iba a seguir quejándome
hasta recibir una.
Esto produjo una racha de actividad
misteriosa pero no toalla. Quedé realmente intrigada hasta una hora más
tarde, cuando me trajeron, todavía envuelta del mercado, una prístina,
espesa, lujosa toalla nueva
color crema y blanco. Una toalla de toallas. Todavía río cuando me acuerdo
de ella. Los kurdos me mimaron absurdamente, tanto los desconocidos como los
conocidos.
En Suleimani participé en enseñar una
clase universitaria. Fue muy divertido. Nos invitaron a interrumpir una
clase interesante de poesía (sobre el poeta de la era otomán Kanih, de la
parte Iraní de Kurdistán) para hablar de los derechos humanos, las
organizaciones no gubernamentales y el PEN Internacional, a un grupo de jóvenes
muy receptivos. Berivan y yo hablamos. Me dio gusto que las jóvenes, que
eran al menos la mitad de la clase, al igual que los jóvenes preguntaron enérgicamente.
Tal vez se sintieron especialmente animadas al ver a Berivan y a mí en el
podio. “Ser activa internacionalmente es mi sueño” me dijo en inglés
una muchacha en hijab.
En una reunión de escritores en Suleimani
conocimos a una poeta kurda, Arhawan, cuya vida había sido amenazada por un
poema que escribió en un periódico de lengua árabe, basado en Suleimani.
Su poema trató de Halabja, un pueblo cercano, casi en la frontera con Irán.
Fue el sitio de un ataque de gas venenoso muy cruel, por Sadam Hussein;
ahora su nombre es casi sinónimo de la masacre de los kurdos. El poema fue
escrito en honor de un aniversario del ataque en Halabja. Evidentemente
ofendió a un extremista árabe, que escribió en el periódico, amenazando
con matarla por haberlo escrito. Después de esta amenaza, cuando sus niños
la ven escribiendo poesía, sienten miedo. Pedimos detalles y copias del
periódico para el PEN Internacional. Este tipo de amenaza indica una
situación hostil y peligrosa para los escritores kurdos.
Mientras estuvimos en Suleimani, unos
escritores nos pidieron visitar a los escritores en Kerkuk (Kirkük en los
mapas). Como Kerkuk es el único lugar en Kurdistán donde hay eventos
importantes que amenazan la paz, los oficiales gubernamentales que viven en
el pueblo ofrecieron garantías para nuestra seguridad. Nos acompañarían
en el autobus junto con una guardia armada, íbamos a visitar solamente la
parte kurda de la ciudad, donde la Unión de Escritores había cambiado sus
oficinas para más seguridad, y no nos íbamos a quedar más que dos horas.
Muchos de los escritores se asustaron.
Dimos crédito a la información que los kurdos responsables nos dieron; de
otra manera nuestro viaje hubiera sido imposible. Nuestra intención desde
el principio fue alcanzar a todos los escritores kurdos que podíamos. No
obstante, nuestras familias en Europa (y, en mi caso, en México) se asustarían.
Zaradachet consideró la idea de mandarme directamente a Arbil/Hawler en un
coche aparte. Dijo “¿Y si el PEN Internacional dice que yo te haya
llevado a lugares peligrosos?”
Elegí ir en el autobús. Informé a mi
familia en cuanto terminamos nuestra visita en Kerkuk y llegamos nuevamente
a Hawler, tres o cuatro horas más tarde. No vimos evidencia de problemas,
exactamente como nos aseguraron.
En Kerkuk almorzamos con los escritores y
nos reunimos con ellos alrededor de una hora. Nos enteramos que los
problemas en Kerkuk, que evidentemente afectan solamente la parte árabe de
la ciudad, vienen de un desacuerdo sobre las fronteras. Kerkuk, aunque
siempre una parte de Kurdistán mayor, no fue parte del área original de
Kurdistán, que Saddam Hussein cedió a los kurdos. Solamente ha sido
incorporado en Kurdistán desde la caída de Saddam Hussein, hace dos años.
Nos enseñaron la frontera vieja cuando llegamos. Es solamente unos metros
afuera de la ciudad.
Aunque Kerkuk tiene una población de al
menos un millón de personas y la gran mayoría son kurdos, hay 200,000 árabes
que viven allí. Hay medios de comunicación responsables árabes, que
trabajan para una coexistencia pacífica multiétnica, pero también hay
separatistas violentos. La milicia kurda está trabajando, pero dos años no
ha sido tiempo suficiente para asegurar la frontera nueva.
Saliendo de la ciudad en el camino para
Arbil/Hawler, vimos los fuegos que se producen al quemar el gas natural en
los campos de petróleo. Estaban muy cerca, tal vez a 150 metros de la
carretera. Todos fuimos a las ventanas para mirar. Inmediatamente después,
atravesamos la frontera del Kurdistán, de Saddam Hussein, en nuestro
regreso, sanos y salvos.
Esa noche la televisión anunció, “El
PEN Internacional visitó Kerkuk.” La reunión modesta tuvo significado.
Un escritor kurdo me dijo, “Gracias por venir a Kerkuk con nosotros.
Aunque Diyarbakir puede ser el cerebro de Kurdistán, Kerkuk es su corazón.”
Pasamos por Hawler esa noche y continuamos
a Duhok. Estuvimos de regreso. Hevi y Berivan se quedaron en Duhok con sus
familias, pero todavía quedaron muchos de nosotros que íbamos a cruzar la
frontera hasta Turquía, al día siguiente.
La travesía de la frontera nos tomó todo
el día. Estuvimos en un puente sobre el río Khabour sin poder movernos por
horas. Después, pasamos inspeción tras inspeción. Los soldados no se
portaron muy corteses tampoco.
Cuando estaba mirando el miserable océano
de coches atrapados sobre el Khabour, se me ocurrió que una vez había
visto una calamidad parecida en Tijuana, en la frontera con los Estados
Unidos. Esto no es solamente un fenómeno turco; también hay otras naciones
arrogantes. Causan mucho dolor innecesario. Aunque empezamos en la mañana,
fueron las cuatro de la tarde cuando finalmente pasamos la frontera y
empezamos a viajar hacia Nusaybin, donde el alcalde nos había invitado para
almorzar. (Todavía me pregunto si el alcalde realmente esperó nuestra
llegada para comer. Si es así, pasó mucha hambre.) Nusaybin es realmente
la misma ciudad que Qamishle, al lado sirio de la frontera. Zaradachet nació
cerca de Qamishle, el alcalde lo había conocido en esa ciudad.
Esta frontera es una de las tragedias cotidianas con las cuales los
kurdos viven. Es muy difícil de cruzar. Depende del capricho del ejército
turco. Aun el alcalde de Nusaybin no la puede atravesar al menos que el ejército
decida permitírselo. Aunque el lado sirio está solamente a un tiro de
piedra, la frontera está sembrada de minas terrestres, no se puede cruzar.
Me
da asco el uso de minas terrestres en Kurdistán. Los gobiernos opresores
las han sembrado en muchos lugares, en Irak del Norte y en la frontera entre
Turquía y Siria. Las minas matan y mutilan a muchos niños en particular.
Todos los escritores kurdos con los cuales hablé sobre esto, tanto miembros
del PEN kurdo como escritores que acababa de conocer,
habían perdido niños de sus propias familias por minas terrestres.
Revistas infantiles e historietas que vi incluyen secciones sobre cómo
reconocer una mina terrestre. Esta situación lamentablemente no ha recibido
suficiente publicidad.
Después del almuerzo muy tarde en
Nusaybin, seguimos directamente a Diyarbakir. Menos uno o dos compañeros
que viven en Diyarbakir, el resto de nuestro grupo tuvo que alcanzar un avión
a la mañana siguiente para Estambul y, de Estambul, hacia otros países.
Nuestro viaje estaba a punto de terminarse.
En Diyarbakir, finalmente pudimos
hospedarnos en un hotel que Moustefa había escogido, el Miroglu, ordenado y
a buen precio, como él nos dijo. Cuando subí a mi cuarto, estuve triste
porque el viaje estaba terminando. Pensé, “pues, realmente debo dormir
bien antes de viajar a América”.
Sonó el teléfono. Fueron mis amigos
escritores kurdos. --Vamos de compras.-- Dijeron. --¿Quieres acompañarnos?
Olvidé toda idea de dormir bien y salí
con mis amigos. Fuimos a un área de tiendas de lujo y entramos a una dulcería.
En el año 2000, después de una conferencia del PEN kurdo, los escritores
kurdos compraron dulces para mis niños. Querían hacerlo otra vez, y esta
vez pudieron ofrecerme dulces kurdos. Deliberamos largamente y terminamos
con benî, un dulce delicioso
colgado en un cordón, hecho de avellanas y pasta de uva. Se ve como
tamarindo. Puede ser que lo haya visto antes sin saber qué es. Discutieron
sobre quién pagaría, y Kamal ganó.
Finalmente tuvimos que separarnos para
volver a nuestros países y hogares, el viaje no pudo durar para siempre.
Pero les digo a todos, “Destino Kurdistán” viene con altas
recomendaciones. Yo lo haría otra vez sin pensarlo un segundo.
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